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JULIO DOMÍNGUEZ
ARJONA
4 de Abril de 2018 Matilde y Encarnación Silva eran dos hermanas de Estepa, solteras, de algo más de cincuenta años . Matilde regentaba un estanco en la Puerta de la Carne, y Encarnación era cajera de los almacenes «El Águila», en la calle Sierpes. El viernes 11 de julio de 1952 fueron brutalmente asesinadas en el estanco que regentaba una de ellas, lo que conmovió a la sociedad de la época por la saña con apuñalamiento que fueron asesinadas .- En principio parecía que el robo no había sido el móvil del crimen, pues tanto las joyas que había en la casa como el dinera de la recaudación estaba intactos . La policía presionada para que se solucionase el caso cuanto antes. A final del mes de julio aún no se tenían pistas pero una serie de atracos en otros estancos de Sevilla provocaron la detención de tres malhechores que fueron lo que pusieron a las fuerzas de seguridad tras sus pasos . Siguiendo esta pista comenzaron las detenciones. El primero en caer fue Juan Vázquez . Este delincuente confesó haber participado en los hechos y señaló Lorenzo Castro y a Antonio Perez como sus acompañantes. El 21 de octubre de 1954, dos años después de los asesinatos, comenzaba el juicio contra estos tres hombres. La terna de delincuentes se desdijo de sus confesiones y ni las armas homicidas ni el dinero supuestamente robado aparecieron en ningún caso. Los abogados defensores repitieron durante sus alegatos que no existían pruebas de cargo suficientes para condenar a sus defendidos. Pese a todo esto los acusados fueron declarados culpable y condenados a muerte.- En Sevilla no se había llevado a cabo ninguna ejecución ordinaria desde el año 1924. El alcalde, el arzoobispo y numerosos ciudadanos suplicaron el indulto. Meses antes Franco había aplicado dicha gracia a varios presos políticos en su afán por lograr el beneplácito de EEUU.- Pena que se llevaría a cabo tal dia como hoy en la cárcel de Ranilla de Sevilla, tal dia como hoy un 4 de abril de 1956, después de que ni los recursos ni la petición de indulto llegasen a buen puerto. Pero la historia no acaba ahí .- Transcurridas casi dos décadas de la ejecución de los tres condenados un hombre con buen porte se presentó en un confesionario. Después de preguntar por el sacerdote le consultó si estaba obligado como cura e a guardar el secreto de lo que iba a decirle. Después de que el religioso asintiera el extraño dijo : "Quiero confesar que hace casi 20 años fui yo quien asesinó a las estanqueras. No me arrepiento por ellas, sino por esos tres hombres que pagaron por un crimen que no había cometido". El visitante reconoció su culpabilidad como asesinó de las estanqueras. Le explicó con todo lujo de detalles cómo había llevado a cabo los brutales crímenes . Su identidad lógicamente ha permanecido en el anonimato. Nunca se ha podido saber de quién se trataba. Un hecho real que supera la mítica película Yo confieso, de Alfred Hitchcock, o la sevillana versión del crimen de Cuenca .- Personas próximas a las víctimas comentaron que, tras la Guerra Civil, las hermanas Silva habían delatado, en su localidad natal de Estepa, a gente de izquierdas que acabó ante el paredón. El móvil habia , desembocando en un brutal veganza llevada a cabo por un hijo de los fusilados .- |
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