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UN TAXISTA EN LA SEVILLA DE LAS MARAVILLAS   
EL TEMPLETE
 
UN TAXISTA EN LA SEVILLA DE LAS MARAVILLAS
 
JULIO DOMINGUEZ ARJONA 
11 de Septiembre  de 2004

Un taxista se quedo dormido en su parada y de pronto se le apareció un conejo blanco al que persiguió ( posiblemente para comerselo con arroz)  y  sin saber como atravesó un espejo y para su asombro se encontró con otra Sevilla , una Sevilla hecha a medida .-

Un Sevilla donde los particulares tenían absolutamente prohibido llegar o recoger a sus familiares al aeropuerto, de echo en los acceso estaba prohibida la entrada a ningún tipo de vehículo, en la autovía había un cartel que rezaba :"Solo taxis".Pero no solo estaba prohibido el acceso de particulares con sus vehículos al aeropuerto, también los molestos ciudadanos con sus vehículos torpemente  conducidos tenían prohibidoterminantemente  la entrada en el  casco antiguo, mal llamado centro .-

Aquel hombres estaba como loco, pues aquella Sevilla estaba en obras, todas las calles levantadas, los vecinos padecían ruidos, polvos, no tenían acceso a sus garajes y todo un abanico de penalidades de larga duración, todas estas calles que tenían el paso cortado al resto de los ciudadanos , cuando el llegaba con su taxi, aparecían a su paso milagrosamente  unas planchas que tapaban todos los agujeros del Metro, sobre los que podía circular sin ningún problema.-

En una ciudad donde los hombres maltrataban a las mujeres e incluso le pegaban tiros en la calle a plena luz del día. Los chorizos atracaban a los que sacaba dinero de los cajeros automáticos, los comercios eran reventados con alunizajes . Pero ante esta violencia e inseguridad , desaparecía al pronunciar la palabra soy taxista  o al poner en marcha el taxímetros, eso por lo visto le hacia inmune ante la delincuencia generalizada que afectaba a todos por igual , menos a él .-

En aquella Sevilla imaginaria las cofradías, procesionaban solo por las calles de la Feria, daba vueltas y vueltas por la calle Joselito el Gallo o Juan Belmonte, de esa manera , nuestro taxista, que le había aplicado una tarifa del 25%, podían tranquilamente llevar y recoger, a aquellas personas que iban a ver los desfiles procesionales sin ,molestos cortes de calle o atascos, que al parecer en su día, solo les afectaba a ellos y no al resto de la ciudadanía fueran kapillitas o antikapillitas .-

El protagonista de nuestra historia no daba crédito a lo que veía. En aquella Sevilla, no solo era la única ciudad en el mundo en la que si tomas posesión ilegal de un solar, con suerte y a los pocos años viene el alcalde y te suelta 42.000 euros (7.000.000 pts) para que te vayas y te compres un piso en otra zona., sino que además, este taxista tenia acceso directo al alcalde, bastaba llamarlo al móvil, y el alcalde dejaba lo que estaba haciendo : "Oiga que llamó para exigirle que venga la grúa y quite este coche en doble fila que me estorba" .-

Dentro de su taxi había un amplio cartel, donde se podía leer :" PROHIBIDO : Fumar, llevar el móvil encendido,  hablar con el conductor, no llevar cambio, abandonar el taxi antes de llegar al recorrido final, decir espere que ahora le bajo el importe, meterle mano a la novia , hablar del Betis y/o/u del Sevilla, prohibido traer equipajes y sobre todo carritos  de bebes"

Una Sevilla donde el caos circulatorio que afectaba al resto de los conductores, que llegaban tarde al trabajo o a dejar a sus hijos en el colegio, a él no le afectaba en absoluto, pues bastaba encender la bombilla verde , para cual sirena silenciosa, le abrieran paso, pues en aquel ciudad  de la maravillas, el era por lo visto un servicio publico y lo prestaba como tal .-

De pronto nuestro taxista , volvió a atravesar el espejo , con una desagradable voz le decía : "Oiga  ¿esta libre?, ¿usted es el primero en la parada?" .-
 
 

 

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